
AL predicar la doctrina del segundo advenimiento, Guillermo
Miller y sus colaboradores no tuvieron otro propósito que el de estimular a los
hombres para que se preparasen para el juicio. Habían procurado despertar a los
creyentes religiosos que hacían profesión de cristianismo y hacerles
comprender la verdadera esperanza de la iglesia y la necesidad que tenían de
una experiencia cristiana mas profunda, trabajaron además para hacer sentir a
los inconversos su deber de arrepentirse y de convertirse a Dios inmediatamente.
"No trataron de convertir a los hombres a una secta ni a un partido
religioso. De aquí que trabajasen entre todos los partidos y sectas, sin
entremeterse en su organización ni disciplina."
Miller aseveró: "En todas mis labores nunca abrigué
el deseo ni el pensamiento de fomentar interés distinto del de las
denominaciones existentes, ni de favorecer a una a expensas de otra. Pensé
en ser útil a todas. Suponiendo que todos los cristianos se regocijarían en la
perspectiva de la venida de Cristo, y que aquellos que no pudiesen ver las cosas
como yo no dejarían por eso de amar a los que aceptasen esta doctrina, no me
figuré que habría jamás necesidad de tener reuniones distintas. Mi
único objeto era el deseo de convertir almas a Dios, de anunciar al mundo
el juicio venidero e inducir a mis semejantes a que hiciesen la preparación de
corazón que les permitirá ir en paz al encuentro de su Dios. La gran mayoría
de los que fueron convertidos por medio de mi ministerio se unieron a las
diversas iglesias existentes."—Bliss, pág. 328.
Como su obra tendía a la edificación de las iglesias, se la
miró durante algún tiempo con simpatía. Pero cuando los ministros y los
directores de aquéllas se declararon contra la doctrina del advenimiento y
quisieron sofocar el nuevo movimiento, no sólo se opusieron a ella desde el
púlpito, sino que además negaron a sus miembros el derecho de asistir a
predicaciones sobre ella y hasta de hablar de sus esperanzas en las reuniones de
edificación mutua en la iglesia. Así se vieron reducidos los creyentes a una
situación crítica que les causaba perplejidad. Querían a sus iglesias y les
repugnaba separarse de ellas; pero al ver que se anulaba el testimonio de la
Palabra de Dios, y que se les negaba el derecho que tenían para investigar las
profecías, sintieron que la lealtad hacia Dios les impedía someterse. No
podían considerar como constituyendo la iglesia de Cristo a los que trataban de
rechazar el testimonio de la Palabra de Dios, "columna y apoyo de la
verdad." De ahí que se sintiesen justificados para separarse de la que
hasta entonces fuera su comunión religiosa. En el verano de 1844 cerca de
cincuenta mil personas se separaron de las iglesias.
Por aquel tiempo se advirtió un cambio notable en la mayor
parte de las iglesias de los Estados Unidos de Norteamérica. Desde hacía
muchos años venía observándose una conformidad cada vez mayor con las
prácticas y costumbres mundanas, y una decadencia correspondiente en la vida
espiritual; pero en aquel año se notó repentinamente una decadencia aún
mas acentuada en casi todas las iglesias del país. Aunque nadie parecía
capaz de indicar la causa de ella, el hecho mismo fue muy notado y comentado,
tanto por la prensa como desde el púlpito.
En una reunión del presbiterio de Filadelfia, el Sr. Barnes,
autor de un comentario de uso muy general, y pastor de una de las principales
iglesias de dicha ciudad, "declaró que ejercía el ministerio desde hacía
veinte años, y que nunca antes de la última comunión había administrado la
santa cena sin recibir muchos o pocos nuevos miembros en la iglesia. Pero ahora,
añadía, no hay despertamientos, ni conversiones, ni mucho aparente
crecimiento en la gracia en los que hacen profesión de religión, y nadie viene
mas a su despacho para conversar acerca de la salvación de sus almas. Con el
aumento de los negocios y las perspectivas florecientes del comercio y de las
manufacturas, ha aumentado también el espíritu mundano. Y esto sucede en
todas las denominaciones." —Congregational Journal, 23 de mayo de
1844.
En el mes de febrero del mismo año, el profesor Finney, del
colegio de Oberlin, dijo: "Hemos podido comprobar el hecho de que en
general las iglesias protestantes de nuestro país, han sido o apáticas u
hostiles con respecto a casi todas las reformas morales de la época. Existen
excepciones parciales, pero no las suficientes para impedir que el hecho sea
general. Tenemos además otro hecho mas que confirma lo dicho y es la falta casi
universal de influencias reavivadoras en las iglesias. La apatía espiritual
lo penetra casi todo y es por demás profunda; así lo atestigua la prensa
religiosa de todo el país.... De modo muy general, los miembros de las
iglesias se están volviendo esclavos de la moda, se asocian con los impíos en
diversiones, bailes, festejos, etc.... Pero no necesitamos extendernos
largamente sobre tan doloroso tema. Basta con que las pruebas aumenten y nos
abrumen para demostrarnos que las iglesias en general están degenerando de
un modo que da pena. Se han alejado muchísimo de Dios, y el se ha
alejado de ellas."
Y un escritor declaraba en el Religious Telescope, conocido
periódico religioso: "Jamás habíamos presenciado hasta ahora un
estado de decadencia semejante al de la actualidad. En verdad que la iglesia
debería despertar y buscar la causa de este estado aflictivo; pues tal debe ser
para todo aquel que ama a Sión. Cuando recordamos cuán pocos son los casos de
verdadera conversión, y la impenitencia sin igual y la dureza de los pecadores,
exclamamos casi involuntariamente: ‘¿Se ha olvidado Dios de tener
misericordia? ¿o está cerrada la puerta de la gracia ?’"
Tal condición no existe nunca sin que la iglesia misma tenga
la culpa. Las tinieblas espirituales que caen sobre las naciones, sobre las
iglesias y sobre los individuos, no se deben a un retraimiento arbitrario de la
gracia divina por parte de Dios, sino a la negligencia o al rechazamiento de la
luz divina por parte de los hombres. Ejemplo sorprendente de esta verdad lo
tenemos en la historia del pueblo judío en tiempo de Cristo. Debido a su apego
al mundo y al olvido de Dios y de su Palabra, el entendimiento de este pueblo se
había obscurecido y su corazón se había vuelto mundano y sensual. Así
permaneció en la ignorancia respecto al advenimiento del Mesías, y en su
orgullo e incredulidad rechazó al Redentor. Pero ni aun entonces Dios privó a
la nación judía de conocer o participar en las bendiciones de la salvación. Pero
los que rechazaron la verdad perdieron todo deseo de obtener el don del cielo.
Ellos habían hecho "de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz"
hasta que la luz que había en ellos se volvió tinieblas; y ¡cuán grandes
fueron aquellas tinieblas!
Conviene a la política de Satanás que los hombres
conserven las formas de religión, con tal que carezcan de piedad vital. Después
de haber rechazado el Evangelio, los judíos siguieron conservando ansiosamente
sus antiguos ritos, y guardaron intacto su exclusivismo nacional, mientras que
ellos mismos no podían menos que confesar que la presencia de Dios ya no se
manifestaba mas entre ellos. La profecía de Daniel señalaba de modo tan exacto
el tiempo de la venida del Mesías y predecía tan a las claras su muerte, que
ellos trataban de desalentar el estudio de ella, y finalmente los rabinos
pronunciaron una maldición sobre todos los que intentaran computar el tiempo.
En su ceguedad e impenitencia, el pueblo de Israel ha permanecido durante mil
ochocientos años indiferente a los ofrecimientos de salvación gratuita, así
como a las bendiciones del Evangelio, de modo que constituye una solemne y
terrible advertencia del peligro que se corre al rechazar la luz del cielo.
Dondequiera que esta causa exista seguirán los mismos
resultados. Quien deliberadamente mutila su conciencia del deber porque ella
está en pugna con sus inclinaciones, acabará por perder la facultad de
distinguir entre la verdad y el error. La inteligencia se entenebrece, la
conciencia se insensibiliza, el corazón se endurece, y el alma se aparta de
Dios. Donde se desdeña o se desprecia la verdad divina, la iglesia se verá
envuelta en tinieblas; la fe y el amor se enfriarán, y entrarán el desvío y
la disensión. Los miembros de las iglesias concentran entonces sus intereses y
energías en asuntos mundanos, y los pecadores se endurecen en su impenitencia.
El mensaje del primer ángel en el capítulo 14 del
Apocalipsis, que anuncia la hora del juicio de Dios y que exhorta a los hombres
a que le teman y adoren, tenía por objeto separar de las influencias
corruptoras del mundo al pueblo que profesaba ser de Dios y despertarlo para
que viera su verdadero estado de mundanalidad y apostasía. Con este mensaje
Dios había enviado a la iglesia un aviso que, de ser aceptado habría curado
los males que la tenían apartada de el. Si los cristianos hubiesen recibido el
mensaje del cielo, humillándose ante el Señor y tratando sinceramente de
prepararse para comparecer ante su presencia, el Espíritu y el poder de Dios se
habrían manifestado entre ellos. La iglesia habría vuelto a alcanzar aquel
bendito estado de unidad, fe y amor que existía en tiempos apostólicos, cuando
"la muchedumbre de los creyentes era de un mismo corazón y de una misma
alma," y "hablaron la Palabra de Dios con denuedo," cuando
"el Señor añadía a la iglesia los salvados, de día en día."
Hechos 4:32, 31; 2:47.
Si los que profesan pertenecer a Dios recibiesen la luz
tal cual brilla sobre ellos al dimanar de su Palabra, alcanzarían esa unidad
por la cual oró Cristo y que el apóstol describe como "la unidad del
Espíritu en el vínculo de la paz." "Hay—dice—un mismo
cuerpo, y un mismo espíritu, así como fuisteis llamados en una
misma esperanza de vuestra vocación, un mismo Señor, una misma fe, un mismo
bautismo." Efesios 4:3-5.
Tales fueron los resultados benditos experimentados por
los que aceptaron el mensaje del advenimiento. Provenían de diferentes
denominaciones, y sus barreras confesionales cayeron al suelo; los credos
opuestos se hicieron añicos; la esperanza antibíblica de un milenio temporal
fue abandonada, las ideas erróneas sobre el segundo advenimiento fueron
enmendadas, el orgullo y la conformidad con el mundo fueron extirpados; los
agravios fueron reparados; los corazones se unieron en la mas dulce comunión, y
el amor y el gozo reinaban por encima de todo; si esta doctrina hizo esto para
los pocos que la recibieron, lo mismo lo habría hecho para todos, si todos la
hubiesen aceptado.
Pero las iglesias en general no aceptaron la amonestación. Sus
ministros que, como centinelas "a la casa de Israel," hubieran debido
ser los primeros en discernir las señales de la venida de Jesús, no habían
aprendido la verdad, fuese por el testimonio de los profetas o por las señales
de los tiempos. Como las esperanzas y ambiciones mundanas llenaban su corazón,
el amor a Dios y la fe en su Palabra se habían enfriado, y cuando la doctrina
del advenimiento fue presentada, sólo despertó sus prejuicios e incredulidad.
La circunstancia de ser predicado el mensaje mayormente por laicos, se
presentaba como argumento desfavorable. Como antiguamente, se oponían al
testimonio claro de la Palabra de Dios con la pregunta: "¿Ha creído en el
alguno de los príncipes, o de los Fariseos?" Y al ver cuán difícil
era refutar los argumentos sacados de los pasajes proféticos, muchos
dificultaban el estudio de las profecías, enseñando que los libros
proféticos estaban sellados y que no se podían entender. Multitudes que
confiaban implícitamente en sus pastores, se negaron a escuchar el aviso, y
otros, aunque convencidos de la verdad, no se atrevían a proclamarlo, "por
no ser echados de la sinagoga." El mensaje que Dios había enviado para
probar y purificar la iglesia reveló con exagerada evidencia cuán grande era
el número de los que habían concentrado sus afectos en este mundo mas bien que
en Cristo. Los lazos que los unían a la tierra eran mas fuertes que los que
les atraían hacia el cielo. Prefirieron escuchar la voz de la sabiduría
humana y no hicieron caso del mensaje de verdad destinado a escudriñar los
corazones.
Al rechazar la amonestación del primer ángel, rechazaron
los medios que Dios había provisto para su redención. Despreciaron al
mensajero misericordioso que habría enmendado los males que los separaban de
Dios, y con mayor ardor volvieron a buscar la amistad del mundo. Tal era la
causa del terrible estado de mundanalidad, apostasía y muerte espiritual que
imperaba en las iglesias en 1844.
En el capítulo 14 de Apocalipsis, el primer ángel es
seguido de otro que dice: "¡Caída, caída es la gran Babilonia, la cual
ha hecho que todas las naciones beban del vino de la ira de su fornicación!"
Apocalipsis 14:8. La palabra "Babilonia" deriva de
"Babel" y significa confusión. Se emplea en las Santas Escrituras
para designar las varias formas de religiones falsas y apóstatas. En el
capítulo 17 del Apocalipsis, Babilonia está simbolizada por una mujer,—figura
que se emplea en la Biblia para representar una iglesia, siendo una mujer
virtuosa símbolo de una iglesia pura, y una mujer vil, de una iglesia
apóstata.
En la Biblia, el carácter sagrado y permanente de la
relación que existe entre Cristo y su iglesia está representado por la unión
del matrimonio. El Señor se ha unido con su pueblo en alianza solemne,
prometiendo el ser su Dios, y el pueblo a su vez comprometiéndose a ser Suyo y
sólo Suyo. Dios dice: "Te desposaré conmigo para siempre: sí, te
desposaré conmigo en justicia, y en rectitud, y en misericordia, y en
compasiones." Oseas 2:19. Y también: "Yo soy vuestro esposo."
Jeremías 3:14. Y Pablo emplea la misma figura en el Nuevo Testamento cuando
dice: "Os he desposado a un marido, para presentaros como una virgen pura a
Cristo." 2 Corintios 11:2.
La infidelidad a Cristo de que la iglesia se hizo culpable al
dejar enfriarse la confianza y el amor que a el le unieran, y al permitir que el
apego a las cosas mundanas llenase su alma, es comparada a la violación del
voto matrimonial. El pecado que Israel cometió al apartarse del Señor está
representado bajo esta figura; y el amor maravilloso de Dios que ese pueblo
despreció, está descrito de modo conmovedor: "Te di juramento y entré en
pacto contigo, dice Jehová el Señor; y viniste a ser Mía." "Y
fuiste sumamente hermosa, y prosperaste hasta llegar a dignidad real. Y salió
tu renombre entre las naciones, en atención a tu hermosura, la cual era
perfecta, a causa de mis adornos que yo había puesto sobre ti.... Mas pusiste
tu confianza en tu hermosura, y te prostituiste a causa de tu renombre."
"Así como una mujer es desleal a su marido, así vosotros habéis sido
desleales para conmigo, oh casa de Israel, dice Jehová." "¡Ah, mujer
adúltera, que en vez de tu marido admites los extraños!" Ezequiel 16:8,
13-15, 32; Jeremías 3:20.
En el Nuevo Testamento se hace uso de un lenguaje muy
parecido para con los cristianos profesos que buscan la amistad del mundo mas
que el favor de Dios. El apóstol Santiago dice: "¡Almas adúlteras!
¿no sabéis acaso que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Aquel pues
que quisiere ser amigo del mundo, se hace enemigo de Dios." Santiago 4:4.
La mujer Babilonia de Apocalipsis 17 está descrita como
"vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro y piedras preciosas y
perlas, teniendo en su mano un cáliz de oro, lleno de abominaciones, es decir,
las inmundicias de sus fornicaciones; y en su frente tenía un nombre escrito: MISTERIO:
BABILONIA LA GRANDE, MADRE DE LAS RAMERAS." El profeta dice:
"Vi a aquella mujer embriagada de la sangre de los santos, y de la sangre
de los mártires de Jesús." Se declara además que Babilonia "es
aquella gran ciudad, la cual tiene el imperio sobre los reyes de la
tierra." Apocalipsis 17: 4-6, 18. La potencia que por tantos siglos
dominó con despotismo sobre los monarcas de la cristiandad, es Roma. La
púrpura y la escarlata, el oro y las piedras preciosas y las perlas describen
como a lo vivo la magnificencia y la pompa mas que reales de que hacía gala la
arrogante sede romana. Y de ninguna otra potencia se podría decir con mas
propiedad que estaba "embriagada de la sangre de los santos" que
de aquella iglesia que ha perseguido tan cruelmente a los discípulos de Cristo.
Se acusa además a Babilonia de haber tenido relaciones ilícitas con "los
reyes de la tierra." Por su alejamiento del Señor y su alianza con los
paganos la iglesia judía se transformó en ramera; Roma se corrompió de igual
manera al buscar el apoyo de los poderes mundanos, y por consiguiente recibe la
misma condenación.
Se dice que Babilonia es "madre de las rameras."
Sus hijas deben simbolizar las iglesias que se atienen a sus doctrinas y
tradiciones, y siguen su ejemplo sacrificando la verdad y la aprobación de
Dios, para formar alianza ilícita con el mundo. El mensaje de Apocalipsis 14,
que anuncia la caída de Babilonia, debe aplicarse a comunidades
religiosas que un tiempo fueron puras y luego se han corrompido. En vista de
que este mensaje sigue al aviso del juicio, debe ser proclamado en los últimos
días, y no puede por consiguiente referirse sólo a la iglesia romana, pues
dicha iglesia está en condición caída desde hace muchos siglos. Además,
en el capítulo 18 del Apocalipsis se exhorta al pueblo de Dios a que salga de
Babilonia. Según este pasaje de la Escritura, muchos del pueblo de Dios
deben estar aún en Babilonia. ¿Y en qué comunidades religiosas se encuentra
actualmente la mayoría de los discípulos de Cristo? Sin duda alguna, en las
varias iglesias que profesan la fe protestante. Al nacer, esas iglesias se
decidieron noblemente por Dios y la verdad, y la bendición divina las
acompañó. Aun el mundo incrédulo se vio obligado a reconocer los felices
resultados de la aceptación de los principios del Evangelio. Se les aplican las
palabras del profeta a Israel: "Salió tu renombre entre las naciones, en
atención a tu hermosura, la cual era perfecta, a causa de Mis adornos, que Yo
había puesto sobre ti, dice Jehová el Señor." Pero esas iglesias
cayeron víctimas del mismo deseo que causó la maldición y la ruina de Israel:
El deseo de imitar las prácticas de los impíos y de buscar su amistad.
"Pusiste tu confianza en tu hermosura, y te prostituiste a causa de tu
renombre." Ezequiel 16:14, 15.
Muchas de las iglesias protestantes están siguiendo el
ejemplo de Roma, y se unen inicuamente con "los reyes de la tierra."
Así obran las iglesias del estado en sus relaciones con los gobiernos
seculares, y otras denominaciones en su afán de captarse el favor del mundo. Y
la expresión "Babilonia"— confusión—puede aplicarse
acertadamente a esas congregaciones que, aunque declaran todas que sus doctrinas
derivan de la Biblia, están sin embargo divididas en un sinnúmero de sectas,
con credos y teorías muy opuestos.
Además de la unión pecaminosa con el mundo, las iglesias
que se separaron de Roma presentan otras características de ésta.
Una obra católica romana arguye que "si la iglesia
romana fue alguna vez culpable de idolatría con respecto a los santos, su hija,
la iglesia anglicana, es igualmente culpable, pues tiene diez iglesias dedicadas
a María por una dedicada a Cristo."—Dr. Challoner, The Catholic
Christian Instructed, prólogo, págs. 21, 22.
Y el Dr. Hopkins, en un "Tratado sobre el milenio,"
declara: "No hay razón para creer que el espíritu y las prácticas
anticristianas se limiten a lo que se llama actualmente la iglesia romana. Las
iglesias protestantes tienen en sí mucho del Anticristo, y distan mucho de
haberse reformado enteramente de . . . las corrupciones e impiedades."—Samuel
Hopkins, Works, tomo 2, pág. 328.
Respecto a la separación entre la iglesia presbiteriana y la
de Roma, el doctor Guthrie escribe: "Hace trescientos años que nuestra
iglesia, con una Biblia abierta en su bandera y el lema ‘Escudriñad las
Escrituras’ en su rollo de pergamino, salió de las puertas de Roma." Luego
hace la significativa pregunta: "¿Salió del todo de Babilonia?"—Tomás
Guthrie, The Gospel in Ezekiel, pág. 237.
"La iglesia de Inglaterra—dice Spurgeon—parece estar
completamente roída por la doctrina de que la salvación se encuentra en los
sacramentos; pero los disidentes parecen estar tan hondamente contaminados por
la incredulidad filosófica. Aquellos de quienes esperábamos mejores cosas
están apartándose unos tras otros de los fundamentos de la fe. Creo que el
mismo corazón de Inglaterra está completamente carcomido por una incredulidad
fatal que hasta se atreve a subir al púlpito y llamarse cristiana."
¿Cuál fue el origen de la gran apostasía? ¿Cómo
empezó a apartarse la iglesia de la sencillez del Evangelio?—Conformándose a
las prácticas del paganismo para facilitar a los paganos la aceptación del
cristianismo. El apóstol Pablo dijo acerca de su propio tiempo: "Ya
está obrando el misterio de iniquidad." 2 Tesalonicenses 2:7.
Mientras aún vivían los apóstoles, la iglesia permaneció relativamente pura.
"Pero hacia fines del siglo segundo, la mayoría de las iglesias asumieron
una forma nueva; la sencillez primitiva desapareció, e insensiblemente, a
medida que los antiguos discípulos bajaban a la tumba, sus hijos, en unión con
nuevos convertidos, . . . se adelantaron y dieron nueva forma a la causa."—Roberto
Robinson, Ecclesiastical Researches, capítulo 6, pág. 51. Para aumentar el
número de los convertidos, se rebajó el alto nivel de la fe cristiana, y el
resultado fue que "una ola de paganismo anegó la iglesia, trayendo consigo
sus costumbres, sus prácticas y sus ídolos."—Gavazzi, Lectures,
pág. 278. Una vez que la religión cristiana hubo ganado el favor y el
apoyo de los legisladores seculares, fue aceptada nominalmente por multitudes;
pero mientras éstas eran cristianas en apariencia, muchos "permanecieron
en el fondo paganos que seguían adorando sus ídolos en secreto."—Ibid.
¿No ha sucedido otro tanto en casi todas las iglesias que
se llaman protestantes? Cuando murieron sus fundadores, que poseían el
verdadero espíritu de reforma, sus descendientes se adelantaron y "dieron
nueva forma a la causa." Mientras se atenían ciegamente al credo de
sus padres y se negaban a aceptar cualquiera verdad que fuese mas allá de lo
que veían, los hijos de los reformadores se alejaron mucho de su ejemplo de
humildad, de abnegación y de renunciación al mundo. Así "la simplicidad
primitiva desaparece." Una ola de mundanalidad invade la iglesia
"trayendo consigo sus costumbres, sus prácticas y sus ídolos."
¡Ay, hasta qué grado esa amistad del mundo, que es
"enemistad contra Dios," es fomentada actualmente entre los que
profesan ser discípulos de Cristo! ¡Cuánto no se han alejado las iglesias
nacionales de toda la cristiandad del modelo bíblico de humildad, abnegación,
sencillez y piedad! Juan Wesley decía, al hablar del buen uso del dinero:
"No malgastéis nada de tan precioso talento, tan sólo por agradar a los
ojos con superfluos y costosos atavíos o con adornos innecesarios. No gastéis
parte de él adornando prolijamente vuestras casas con muebles inútiles y
costosos, con cuadros costosos, pinturas y dorados.... No gastéis nada para
satisfacer la soberbia de la vida, ni para obtener la admiración de los
hombres.... ‘Siempre que te halagues a ti mismo, los hombres hablarán bien de
ti.’ Siempre que te vistas ‘de púrpura y de lino fino blanco, y tengas
banquetes espléndidos todos los días,’ no faltará quien aplauda tu
elegancia, tu buen gusto, tu generosidad y tu rumbosa hospitalidad. Pero no
vayas a pagar tan caros sus aplausos. Conténtate mas bien con el honor que
viene de Dios."—Wesley, Works, sermón 50, sobre el uso de dinero.
Pero muchas iglesias actuales desprecian estas enseñanzas.
Está de moda en el mundo hacer profesión de religión.
Gobernantes, políticos, abogados, médicos y comerciantes se unen a la iglesia
para asegurarse el respeto y la confianza de la sociedad, y así promover sus
intereses mundanos. Tratan de cubrir todos sus procederes injustos con el
manto de la religiosidad. Las diversas comunidades religiosas robustecidas con
las riquezas y con la influencia de esos mundanos bautizados pujan a cual mas
por mayor popularidad y patrocinio. Iglesias magníficas, embellecidas con el
mas extravagante despilfarro, se edifican en las avenidas mas ricas y mas
pobladas. Los fieles visten con lujo y a la moda. Se pagan grandes sueldos a
ministros elocuentes para que entretengan y atraigan a la gente. Sus sermones
no deben aludir a los pecados populares, sino que deben ser suaves y agradables
como para los oídos de un auditorio elegante. Así los pecadores del mundo son
recibidos en la iglesia, y los pecados de moda se cubren con un manto de piedad.
Hablando de la actitud actual de los profesos cristianos para
con el mundo, un notable periódico profano dice: "Insensiblemente la
iglesia ha seguido el espíritu del siglo, y ha adaptado sus normas de culto a
las necesidades de la actualidad." "En verdad, todo cuanto
contribuye a hacer atractiva la religión, la iglesia lo emplea ahora y se vale
de ello." Y un escritor apunta, en el Independent de Nueva York;,
lo siguiente acerca del metodismo actual: "La línea de separación entre
los piadosos y los irreligiosos desaparece en una especie de penumbra, y en
ambos lados se está trabajando con empeño para hacer desaparecer toda
diferencia entre su modo de ser y sus placeres." "La popularidad de la
religión tiende en gran manera a aumentar el número de los que quisieran
asegurarse sus beneficios sin cumplir honradamente con los deberes de
ella."
Howard Crosby dice: "Motivo de hondo pesar es el hecho
de que la iglesia de Cristo esté cumpliendo tan mal los designios del Señor.
Así como los antiguos judíos dejaron que el trato familiar con las naciones
idólatras alejara sus corazones de Dios, . . . así también ahora la iglesia
de Jesús, merced al falso consorcio con el mundo incrédulo, está abandonando
los métodos divinos de su verdadera vida y doblegándose a las costumbres
perniciosas, si bien a menudo plausibles, de una sociedad anticristiana,
valiéndose de argumentos y llegando a conclusiones ajenas a la revelación de
Dios y directamente opuestas a todo crecimiento en la gracia."—The
Healthy Christian: An Appeal to the Church, págs. 141, 142.
En esta marea de mundanalidad y de afán por los placeres, el
espíritu de desprendimiento y de sacrificio personal por el amor de Cristo ha
desaparecido casi completamente. "Algunos de los hombres y mujeres que
actúan hoy en esas iglesias aprendieron, cuando niños, a hacer sacrificios
para poder dar o hacer algo por Cristo." Pero "ahora si se
necesitan fondos, . . . no hay que pedirle nada a nadie. ¡Oh no! Organícese un
bazar, prepárese una representación de figuras vivas, una escena jocosa, una
comida al estilo antiguo o a la moderna, cualquier cosa para divertir a la
gente."
El gobernador Washburn, de Wisconsin, declaró en su mensaje
anual, el 9 de enero de 1873: "Parece necesario dictar una ley que
obligue a cerrar las escuelas donde se forman jugadores. Se las encuentra por
todas partes. Hasta se ven iglesias que (sin saberlo, indudablemente) hacen a
veces la obra del diablo. Los conciertos y las representaciones de beneficio,
así como las rifas, que se hacen, a veces con fines religiosos o de caridad,
pero a menudo con propósitos menos dignos, loterías, premios, etc., no son
sino estratagemas para recaudar dinero sin dar un valor correspondiente. No
hay nada tan desmoralizador y tan embriagador, especialmente para los jóvenes,
como la adquisición de dinero o de propiedad sin trabajo. Si personas
respetables toman parte en esas empresas de azar y acallan su conciencia con la
reflexión de que el dinero está destinado a un buen fin, nada de raro tiene
que la juventud del estado caiga tan a menudo en los hábitos que con casi toda
seguridad engendra la afición a los juegos de azar."
El espíritu de conformidad con el mundo está invadiendo las
iglesias por toda la cristiandad. Roberto Atkins, en un sermón predicado en
Londres, pinta un cuadro sombrío del decaimiento espiritual que predomina en
Inglaterra: "Los hombres verdaderamente justos están desapareciendo de la
tierra, sin que a nadie se le importe algo. Los que hoy profesan
religiosidad, en todas las iglesias, aman al mundo, se conforman con él, gustan
de las comodidades terrenales y aspiran a los honores. Están llamados a
sufrir con Cristo, pero retroceden ante el simple oprobio.... ¡Apostasía,
apostasía, apostasía! es lo que está grabado en el frontis mismo de
cada iglesia, y si lo supiesen o sintiesen, habría esperanza; pero ¡ay! lo que
se oye decir, es: Rico soy, y estoy lleno de bienes, y nada me falta."—Second
Advent Library, folleto No. 39.
El gran pecado de que se acusa a Babilonia es que ha hecho
que "todas las naciones beban del vino de la ira de su fornicación."
Esta copa embriagadora que ofrece al mundo representa las falsas doctrinas que
ha aceptado como resultado de su unión ilícita con los magnates de la
tierra. La amistad con el mundo corrompe su fe, y a su vez Babilonia ejerce
influencia corruptora sobre el mundo enseñando doctrinas que están en pugna
con las declaraciones mas claras de la Sagrada Escritura.
Roma le negó la Biblia al pueblo y exigió que en su lugar
todos aceptasen sus propias enseñanzas. La obra de la Reforma consistió en
devolver a los hombres la Palabra de Dios; pero ¿no se ve acaso que en las
iglesias de hoy lo que se enseña a los hombres es a fundar su fe en el credo y
en las doctrinas de su iglesia antes que en las Sagradas Escrituras? Hablando
de las iglesias protestantes, Carlos Beecher dice: "Retroceden ante
cualquier palabra severa que se diga contra sus credos con la misma sensibilidad
con que los santos padres se habrían estremecido ante una palabra dura
pronunciada contra la veneración creciente que estaban fomentando por los
santos y los mártires.... Las denominaciones evangélicas protestantes se han
atado mutuamente las manos, de tal modo que nadie puede hacerse predicador entre
ellas sin haber aceptado primero la autoridad de algún libro aparte de la
Biblia.... No hay nada de imaginario en la aseveración de que el poder del
credo está ahora empezando a proscribir la Biblia tan ciertamente como lo hizo
Roma, aunque de un modo mas sutil."—Sermón sobre la Biblia como
credo suficiente, predicado en Fort Wayne, Indiana, el 22 de febrero, 1846.
Cuando se levantan maestros verdaderos para explicar la
Palabra de Dios, levántanse también hombres de saber, ministros que profesan
comprender las Santas Escrituras, para denunciar la sana doctrina como si fuera
herejía, alejando así a los que buscan la verdad. Si el mundo no estuviese
fatalmente embriagado con el vino de Babilonia, multitudes se convencerían y se
convertirían por medio del conocimiento de las verdades claras y penetrantes de
la Palabra de Dios. Pero la fe religiosa aparece tan confusa y discordante que
el pueblo no sabe qué creer ni qué aceptar como verdad. La iglesia es
responsable del pecado de impenitencia del mundo.
El mensaje del segundo ángel de Apocalipsis 14 fue
proclamado por primera vez en el verano de 1844, y se aplicaba entonces mas
particularmente a las iglesias de los Estados Unidos de Norteamérica, donde la
amonestación del juicio había sido también mas ampliamente proclamada y mas
generalmente rechazada, y donde el decaimiento de las iglesias había sido mas
rápido. Pero el mensaje del segundo ángel no alcanzó su cumplimiento total
en 1844. Las iglesias decayeron entonces moralmente por haber rechazado la luz
del mensaje del advenimiento; pero este decaimiento no fue completo. A
medida que continuaron rechazando las verdades especiales para nuestro tiempo,
fueron decayendo mas y mas. Sin embargo aún no se puede decir:
"¡Caída, caída es la gran Babilonia, la cual ha hecho que todas las
naciones beban del vino de la ira de su fornicación!" Aún no
ha dado de beber a todas las naciones. El espíritu de conformidad con el
mundo y de indiferencia hacia las verdades que deben servir de prueba en nuestro
tiempo, existe y ha estado ganando terreno en las iglesias protestantes de todos
los países de la cristiandad; y estas iglesias están incluidas en la solemne y
terrible amonestación del segundo ángel. Pero la apostasía aún no ha
culminado.
La Biblia declara que antes de la venida del Señor, Satanás
obrará "con todo poder, y con señales, y con maravillas
mentirosas, y con todo el artificio de la injusticia," y que todos aquellos
que "no admitieron el amor de la verdad para" ser "salvos,"
serán dejados para que reciban "la eficaz operación de error, a fin de
que crean a la mentira." 2 Tesalonicenses 2:9-11. La caída de Babilonia
no será completa sino cuando la iglesia se encuentre en este estado, y la
unión de la iglesia con el mundo se haya consumado en toda la cristiandad. El
cambio es progresivo, y el cumplimiento perfecto de Apocalipsis 14:8 está aún
reservado para lo por venir.
A pesar de las tinieblas espirituales y del alejamiento de
Dios que se observan en las iglesias que constituyen Babilonia, la mayoría de
los verdaderos discípulos de Cristo se encuentran aún en el seno de ellas.
Muchos de ellos no han oído nunca proclamar las verdades especiales para
nuestro tiempo. No pocos están descontentos con su estado actual y tienen
sed de mas luz. En vano buscan el espíritu de Cristo en las iglesias a las
cuales pertenecen. Como estas congregaciones se apartan mas y mas de la verdad y
se van uniendo mas y mas con el mundo, la diferencia entre ambas categorías de
cristianos se irá acentuando hasta quedar consumada la separación. Llegará
el día en que los que aman a Dios sobre todas las cosas no podrán permanecer
unidos con los que son "amadores de los placeres, mas bien que amadores de
Dios; teniendo la forma de la piedad, mas negando el poder de ella."
El capítulo 18 del Apocalipsis indica el tiempo en que, por
haber rechazado la triple amonestación de Apocalipsis 14:6-12, la iglesia
alcanzará el estado predicho por el segundo ángel, y el pueblo de Dios que se
encontrare aún en Babilonia, será llamado a separarse de la comunión de
ésta. Este mensaje será el último que se dé al mundo y cumplirá su obra.
Cuando los que "no creen a la verdad, sino que se complacen en la
injusticia" 2 Tesalonicenses 2:12, sean dejados para sufrir tremendo
desengaño y para que crean a la mentira, entonces la luz de la verdad brillará
sobre todos aquellos cuyos corazones estén abiertos para recibirla, y todos los
hijos del Señor que quedaren en Babilonia, oirán el llamamiento: "¡Salid
de ella, pueblo mío! " Apocalipsis 18:4.

El número/La Marca/Señal de Dios o Satanás?