
Capítulo 31
Victoria en Cristo
¿Quiénes Son Los Angeles?

Si Satanás pudiera,
borraría a todos los cristianos de la faz de la tierra. Si pudiera, nos
borraría a todos, también. Con tantos ángeles caídos para cumplir sus
mandatos, y con un cerebro mas avanzado que el nuestro, no podemos competir con
su poder y su astucia.
Pero en Cristo
tenemos el poder necesario. Nuestro peligro está en no reconocer la fuerza y
el número de las huestes de Satanás–y así pensamos que estamos seguros.
No corremos hacia Cristo, cada momento, para recibir la ayuda necesaria.

LA RELACIÓN entre el mundo visible y el invisible, el
ministerio de los ángeles de Dios y la influencia o intervención de los
espíritus malos, son asuntos claramente revelados en las Sagradas Escrituras y
como indisolublemente entretejidos con la historia humana. Nótase en nuestros
días una tendencia creciente a no creer en la existencia de los malos
espíritus, mientras que por otro lado muchas personas ven espíritus de
seres humanos difuntos en los santos ángeles, que son "enviados para"
servir a "los que han de heredar la salvación." Hebreos 1:14. Pero
las Escrituras no sólo enseñan la existencia de los ángeles, tanto buenos
como malos, sino que contienen pruebas terminantes de que éstos no son
espíritus desencarnados de hombres que hayan dejado de existir.
Antes de la creación del hombre, había ya ángeles; pues
cuando los cimientos de la tierra fueron echados, a una "las estrellas
todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios." Job
38:7. Después de la caída del hombre, fueron enviados ángeles para guardar
el árbol de la vida, y esto antes que ningún ser humano hubiese fallecido. Los
ángeles son por naturaleza superiores al hombre, pues el salmista
refiriéndose a éste, dice: "Algo menor lo hiciste que los ángeles."
Salmo 8:6, (V. B.-Cantera, vers. 5 en V. Valera.)
Las Santas Escrituras nos dan información acerca del
número, del poder y de la gloria de los seres celestiales, de su relación con
el gobierno de Dios y también con la obra de redención. "Jehová
afirmó en los cielos Su trono, y Su reino domina sobre todos." Y el
profeta dice: "Oí voz de muchos ángeles alrededor del trono." Ellos
sirven en la sala del trono del Rey de los reyes—"ángeles, poderosos en
fortaleza," "ministros Suyos," que hacen "Su voluntad,"
"obedeciendo a la voz de Su precepto." Salmo 103:19-21; Apocalipsis
5:11. Millones de millones y millares de millares era el número de los
mensajeros celestiales vistos por el profeta Daniel. El apóstol Pablo habla de
"las huestes innumerables de ángeles." Hebreos 12:22. Como mensajeros
de Dios, iban y volvían "a semejanza de relámpagos" Ezequiel 1:14,
tan deslumbradora es su gloria y tan veloz su vuelo. El ángel que apareció en
la tumba del Señor, y cuyo "aspecto era como un relámpago, y su vestido
blanco como la nieve," hizo que los guardias temblaran de miedo y quedaran
"como muertos." Mateo 28:3, 4. Cuando Senaquerib, el insolente monarca
asirio, blasfemó e insultó a Dios y amenazó destruir a Israel,
"aconteció que en aquella misma noche salió un ángel de Jehová, e
hirió en el campamento de los Asirios ciento ochenta y cinco mil hombres."
El ángel "destruyó a todos los hombres fuertes y valerosos, con los
príncipes y los capitanes" del ejército de Senaquerib, quien
"volvió con rostro avergonzado a su propia tierra." 2 Reyes 19:35; 2
Crónicas 32:21.
Los ángeles son enviados a los hijos de Dios con misiones de
misericordia. Visitaron a Abrahán con promesas de bendición; al justo Lot,
para rescatarle de las llamas de Sodoma; a Elías, cuando estaba por morir de
cansancio y hambre en el desierto; a Eliseo, con carros y caballos de fuego que
circundaban la pequeña ciudad donde estaba encerrado por sus enemigos; a
Daniel, cuando imploraba la sabiduría divina en la corte de un rey pagano, o en
momentos en que iba a ser presa de los leones; a Pedro, condenado a muerte en la
cárcel de Herodes; a los presos de Filipos; a Pablo y a sus compañeros, en la
noche tempestuosa en el mar; a Cornelio, para hacerle comprender el Evangelio; a
Pedro, para mandarlo con el mensaje de salvación al extranjero gentil. Así fue
como, en todas las edades, los santos ángeles ejercieron su ministerio en
beneficio del pueblo de Dios.
Cada discípulo de Cristo tiene su ángel guardián
respectivo. Estos centinelas celestiales protegen a los justos del poder del
maligno. Así lo reconoció el mismo Satanás cuando dijo: "¿Teme Job
a Dios de balde? ¿No le has Tú cercado a él, y a su casa, y a todo lo que
tiene en derredor?" Job 1:9, 10. El medio de que Dios se vale para proteger
a Su pueblo está indicado en las palabras del salmista: "El ángel de
Jehová acampa en derredor de los que Le temen, y los defiende." Salmo
34:7. Hablando de los que creen en El, el Salvador dijo: "Mirad no tengáis
en poco a alguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los
cielos ven siempre la faz de Mi Padre." Mateo 18:10. Los ángeles
encargados de atender a los hijos de Dios tienen a toda hora acceso cerca de El.
Así que, aunque expuesto al poder engañoso y a la continua
malicia del príncipe de las tinieblas y en conflicto con todas las fuerzas del
mal, el pueblo de Dios tiene siempre asegurada la protección de los ángeles
del cielo. Y esta protección no es superflua. Si Dios concedió a Sus
hijos promesa de gracia y amparo, es porque deben hacer frente a las temibles
potestades del mal, potestades múltiples, audaces e incansables, cuya
malignidad y poder nadie puede ignorar o despreciar impunemente.
Los espíritus malos, creados en un principio sin pecado,
eran iguales, por naturaleza, poder y gloria, a los seres santos que son ahora
mensajeros de Dios. Pero una vez caídos por el pecado, se coligaron para
deshonrar a Dios y acabar con los hombres. Unidos con Satanás en su
rebeldía y arrojados del cielo con él, han sido desde entonces, en el curso de
los siglos, sus cómplices en la guerra empeñada contra la autoridad divina.
Las Sagradas Escrituras nos hablan de su unión y de su gobierno, de sus
diversas órdenes, de su inteligencia y astucia, como también de sus
propósitos malévolos contra la paz y la felicidad de los hombres.
La historia del Antiguo Testamento menciona a veces su
existencia y su actuación; pero fue durante el tiempo que Cristo estuvo en la
tierra cuando los espíritus malos dieron las más sorprendentes pruebas de su
poder. Cristo había venido para cumplir el plan ideado para la redención
del hombre, y Satanás resolvió afirmar su derecho para gobernar al mundo.
Había logrado implantar la idolatría en toda la tierra, menos en Palestina.
Cristo vino a derramar la luz del cielo sobre el único país que no se había
sometido al yugo del tentador. Dos poderes rivales pretendían la supremacía.
Jesús extendía Sus brazos de amor, invitando a todos los que querían
encontrar en El perdón y paz. Las huestes de las tinieblas vieron que no
poseían un poder ilimitado, y comprendieron que si la misión de Cristo tenía
éxito, pronto terminaría su reinado. Satanás se enfureció como león
encadenado y desplegó atrevidamente sus poderes tanto sobre los cuerpos como
sobre las almas de los hombres.
Que ciertos hombres hayan sido poseídos por demonios está claramente
expresado en el Nuevo Testamento. Las personas afligidas de tal suerte no
sufrían únicamente de enfermedades cuyas causas eran naturales. Cristo
tenía conocimiento perfecto de aquello con que tenía que habérselas, y
reconocía la presencia y acción directas de los espíritus malos.
Ejemplo sorprendente de su número, poder y malignidad,
como también del poder misericordioso de Cristo, lo encontramos en el relato
de la curación de los endemoniados de Gádara. Aquellos pobres
desaforados, que burlaban toda restricción y se retorcían, echando
espumarajos por la boca, enfurecidos, llenaban el aire con sus gritos, se
maltrataban y ponían en peligro a cuantos se acercaban a ellos. Sus cuerpos
cubiertos de sangre y desfigurados, sus mentes extraviadas, presentaban un
espectáculo de los más agradables para el príncipe de las tinieblas. Uno de
los demonios que dominaba a los enfermos, declaro: "Legión me llamo;
porque somos muchos." (S. Marcos 5:9.) En el ejército romano una legión
se componía de tres a cinco mil hombres. Las huestes de Satanás están
también organizadas en compañías, y la compañía a la cual pertenecían
estos demonios correspondía ella sola en número por lo menos a una legión.
Al mandato de Jesús, los espíritus malignos abandonaron
sus víctimas, dejándolas sentadas en calma a los pies del Señor, sumisas,
inteligentes y afables. Pero a los demonios se les permitió despeñar una
manada de cerdos en el mar; y los habitantes de Gádara, estimando de más
valor sus puercos que las bendiciones que Dios había concedido, rogaron al
divino Médico que se alejara. Tal era el resultado que Satanás deseaba
conseguir. Echando la culpa de la pérdida sobre Jesús, despertó los temores
egoístas del pueblo, y les impidió escuchar sus palabras. Satanás acusa
continuamente a los cristianos de ser causa de pérdidas, desgracias y
padecimientos, en lugar de dejar recaer el oprobio sobre quienes lo merecen,
es decir, sobre Si mismo y sus agentes.
Pero los propósitos de Cristo no quedaron frustrados. Permitió
a los espíritus malignos que destruyesen la manada de cerdos, como censura
contra aquellos judíos que, por amor al lucro, criaban esos animales inmundos.
Si Cristo no hubiese contenido a los demonios, habrían precipitado al mar no
sólo los cerdos sino también a los dueños y porqueros. La inmunidad de éstos
fue tan sólo debida a la intervención misericordiosa de Jesús. Por otra
parte, el suceso fue permitido para que los discípulos viesen el poder
malévolo de Satanás sobre hombres y animales, pues quería que sus discípulos
conociesen al enemigo al que iban a afrontar, para que no fuesen engañados y
vencidos por sus artificios. Quería, además, que el pueblo de aquella
región viese que él, Jesús, tenía el poder de romper las ligaduras de
Satanás y libertar a sus cautivos. Y aunque Jesús se alejó, los hombres
tan milagrosamente libertados quedaron para proclamar la misericordia de su
Bienhechor.
Las Escrituras encierran otros ejemplos semejantes. La
hija de la mujer sirofenicia estaba atormentada de un demonio al que Jesús
echó fuera por su palabra. (S. Marcos 7:26-30.) "Un endemoniado, ciego y
mudo" (S. Mateo 12:22); un joven que tenía un espíritu mudo, que a menudo
le arrojaba "en el fuego y en aguas, para matarle" (S. Marcos
9:17-27); el maníaco que, atormentado por el "espíritu de un demonio
inmundo" (S. Lucas 4:33-36), perturbaba la tranquilidad del Sábado en la
sinagoga de Capernaúm—todos ellos fueron curados por el compasivo Salvador.
En casi todos los casos Cristo se dirigía al demonio como a un ser
inteligente, ordenándole salir de su víctima y no atormentarla más. Al
ver su gran poder, los adoradores reunidos en Capernaúm se asombraron, "y
hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es ésta? que con autoridad y
potencia manda a los espíritus inmundos, y salen." (S. Lucas 4:36.)
Se representa uno generalmente aquellos endemoniados como
sometidos a grandes padecimientos; sin embargo había excepciones a esta regla.
Con el fin de obtener poder sobrenatural, algunas personas se sometían
voluntariamente a la influencia satánica. Estas, por supuesto, no entraban
en conflicto con los demonios. A esta categoría pertenecen los que poseían el
espíritu de adivinación, como los magos Simón y Elimas y la joven adivina que
siguió a Pablo y a Silas en Filipos.
Nadie está en mayor peligro de caer bajo la influencia de los espíritus
malos que los que, a pesar del testimonio directo y positivo de las Sagradas
Escrituras, niegan la existencia e intervención del diablo y de sus ángeles.
Mientras ignoremos sus astucias, ellos nos llevan notable ventaja; y muchos
obedecen a sus sugestiones creyendo seguir los dictados de su propia sabiduría.
Esta es la razón por la cual a medida que nos acercamos al
fin del tiempo, cuando Satanás obrará con la mayor energía para engañar y
destruir, él mismo propaga por todas partes la creencia de que no existe. Su
política consiste en esconderse y obrar solapadamente.
No hay nada que el gran seductor tema tanto como el que nos
demos cuenta de sus artimañas. Para mejor disfrazar su carácter y encubrir
sus verdaderos propósitos, se ha hecho representar de modo que no despierte
emociones más poderosas que las del ridículo y del desprecio. Le gusta que lo
pinten deforme o repugnante, mitad animal mitad hombre. Le agrada oírse nombrar
como objeto de diversión y de burla por personas que se creen inteligentes e
instruidas.
Precisamente por haberse enmascarado con habilidad consumada
es por lo que tan a menudo se oye preguntar: "¿Existe en realidad ente
semejante?" Prueba evidente de su éxito es la aceptación general de
que gozan entre el público religioso ciertas teorías que niegan los
testimonios más positivos de las Sagradas Escrituras. Y es porque Satanás
puede dominar tan fácilmente los espíritus de las personas inconscientes de su
influencia, por lo que la Palabra de Dios nos da tantos ejemplos de su obra
maléfica, nos revela sus fuerzas ocultas y nos pone así en guardia contra sus
ataques.
El poder y la malignidad de Satanás y de su hueste podrían alarmarnos con
razón, si no fuera por el apoyo y salvación que podemos encontrar en el poder
superior de nuestro Redentor. Proveemos cuidadosamente nuestras casas con
cerrojos y candados para proteger nuestros bienes y nuestras vidas contra los
malvados; pero rara vez pensamos en los ángeles malos que tratan continuamente
de llegar hasta nosotros, y contra cuyos ataques no contamos en nuestras propias
fuerzas con ningún medio eficaz de defensa. Si se les dejara, nos
trastornarían la razón, nos desquiciarían y torturarían el cuerpo,
destruirían nuestras propiedades y nuestras vidas. Sólo se deleitan en el mal
y en la destrucción. Terrible es la condición de los que resisten a las
exigencias de Dios y ceden a las tentaciones de Satanás, hasta que Dios los
abandona al poder de los espíritus malignos. Pero los que siguen a Cristo
están siempre seguros bajo su protección. Angeles de gran poder son
enviados del cielo para ampararlos. El maligno no puede forzar la guardia con
que Dios tiene rodeado a su pueblo.

ANGELES CAIDOS
"Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino
contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores
de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires."
Efesios:6:12.
"Porque si Dios no perdonó á los ángeles que
habían pecado, sino que habiéndolos despeñado en el infierno con cadenas de
oscuridad, los entregó para ser reservados al juicio." 2 Pedro 2:4.
"En los cuales el dios de este siglo cegó los
entendimientos de los incrédulos." 2 Corintios 4:4.
"Ya no hablaré mucho con vosotros: porque viene el
príncipe de este mundo; mas no tiene nada en mí." Juan:14:30.
"Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el
diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando á quien devore." 1
Pedro 5:8.
"Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en
ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha
descendido á vosotros, teniendo grande ira, sabiendo que tiene poco
tiempo." Apocalipsis 12:12.
"Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí
Satanás os ha pedido para zarandaros como á trigo; Mas yo he rogado por ti
que tu fe no falte: . . . Y él le dijo: Señor, pronto estoy á ir contigo
aun á cárcel y á muerte. Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no
cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces." Lucas
22:31-34
En que en otro tiempo anduvisteis conforme á la condición
de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que
ahora obra en los hijos de desobediencia:" Efecios 2:2
CAPÍTULO 32
Contenido

Harvestime
Books
|