
Capítulo 32
La Caja de llaves de
Satanás
Las Acechanzas Del Enemigo

Satanás se ha
propuesto atrapar a todo aquel que esté buscando el cristianismo. Muchos
son atrapados cada día, porque no se dan cuenta cuáles son sus métodos.
Este capítulo nos
muestra los aperos de Satanás, porque él tiene decenas de ardides para
destruir las almas, y pensar que algunas personas ni se dan cuenta que
tales herramientas existen. Aquí están las sesenta y cinco trampas de
Satanás.

LA GRAN controversia entre Cristo y Satanás, sostenida desde
hace cerca de seis mil años, está por terminar; y Satanás redobla sus
esfuerzos para hacer fracasar la obra de Cristo en beneficio del hombre y para
sujetar las almas en sus lazos. Su objeto consiste en tener sumido al pueblo en
las tinieblas y en la impenitencia hasta que termine la obra mediadora del
Salvador y no haya más sacrificio por el pecado.
Cuando no se hace ningún esfuerzo especial para resistir a
su poder, cuando la indiferencia predomina en la iglesia y en el mundo, Satanás
está a su gusto, pues no corre peligro de perder a los que tiene cautivos y a
merced suya.
Pero cuando la atención de los hombres se fija en las cosas eternas y las
almas se preguntan: "Qué debo yo hacer para ser salvo?" él está
pronto para oponer su poder al de Cristo y para contrarrestar la influencia del
Espíritu Santo.
Las Sagradas Escrituras declaran que en cierta ocasión,
cuando los ángeles de Dios vinieron para presentar
se ante el Señor, Satanás vino también con ellos Job
1:6, no para postrarse ante el Rey eterno, sino para mirar por sus propios
y malévolos planes contra los justos. Con el mismo objeto está
presente allí donde los hombres se reúnen para adorar a Dios. Aunque
invisible, trabaja con gran diligencia, tratando de gobernar las mentes de
los fieles. Como hábil general que es, fragua sus planes de antemano.
Cuando ve al ministro de Dios escudriñar las Escrituras, toma nota del
tema que va a ser presentado a la congregación, y hace uso de toda su
astucia y pericia para arreglar las cosas de tal modo que el mensaje de
vida no llegue a aquellos a quienes está engañando precisamente respecto
del punto que se ha de tratar. Hará que la persona que más necesite la
admonición se vea apurada por algún negocio que requiera su presencia, o
impedida de algún otro modo de oír las palabras que hubiesen podido
tener para ella sabor de vida para vida.
Otras veces, Satanás ve a los siervos del Señor
agobiados al comprobar las tinieblas espirituales que envuelven a los
hombres. Oye sus ardientes oraciones, en que piden a Dios gracia y poder
para sacudir la indiferencia y la indolencia de las almas. Entonces
despliega sus artes con nuevo ardor. Tienta a los hombres para que cedan a
la glotonería o a cualquier otra forma de sensualidad, y adormece de tal
modo su sensibilidad que dejan de oír precisamente las cosas que más
necesitan saber.
Bien sabe Satanás que todos aquellos a quienes pueda inducir a
descuidar la oración y el estudio de las Sagradas Escrituras serán
vencidos por sus ataques. De aquí que invente cuanta estratagema le es
posible para tener las mentes distraídas. Siempre ha habido una
categoría de personas que profesan santidad, y que en lugar de procurar
crecer en el conocimiento de la verdad, hacen consistir su religión en
buscar alguna falta en el carácter de aquellos con quienes no están de
acuerdo, o algún error en su credo. Son los mejores agentes de Satanás.
Los acusadores de los hermanos no son pocos; siempre son diligentes cuando
Dios está obrando y cuando Sus hijos le rinden verdadero homenaje. Son
ellos los que dan falsa interpretación a las palabras y acciones de los
que aman la verdad y la obedecen. Hacen pasar a los más serios, celosos y
desinteresados siervos de Cristo por engañados o engañadores. Su obra
consiste en desnaturalizar los móviles de toda acción buena y noble, en
hacer circular insinuaciones malévolas y despertar sospechas en las
mentes poco experimentadas. Harán cuanto sea imaginable porque aparezca
lo que es puro y recto como corrupto y de mala fe.
Pero nadie necesita dejarse engañar por ellos. Fácil
es ver la filiación que tienen, el ejemplo que siguen y la obra que
realizan. "Por sus frutos los conoceréis." Mateo 7:16. Su
conducta se parece a la de Satanás, el odioso calumniador, "el
acusador de nuestros hermanos." Apocalipsis 12: 10.
El gran seductor dispone de muchos agentes listos para
presentar cualquier error para engañar a las almas, herejías
preparadas para adaptarse a todos los gustos y capacidades de aquellos a
quienes quiere arruinar. Parte de su plan consiste en introducir en la
iglesia elementos irregenerados y faltos de sinceridad, elementos que
fomenten la duda y la incredulidad y sean un obstáculo para todos los que
desean ver adelantar la obra de Dios y adelantar con ella. Muchas
personas que no tienen verdadera fe en Dios ni en Su Palabra, aceptan
algún principio de verdad y pasan por cristianos; y así se hallan en
condición de introducir sus errores como si fueran doctrinas de las
Escrituras.
La teoría según la cual nada importa lo que los hombres creen, es uno
de los engaños que más éxito da a Satanás. Bien sabe él que la
verdad recibida con amor santifica el alma del que la recibe; de aquí
que trate siempre de substituirla con falsas teorías, con fábulas y con
otro evangelio. Desde un principio los siervos de Dios han luchado
contra los falsos maestros, no sólo porque eran hombres viciosos, sino
porque inculcaban errores fatales para el alma. Elías, Jeremías y Pablo
se opusieron
firme y valientemente a los que estaban apartando a los
hombres de la Palabra de Dios. Ese género de liberalidad que mira como
cosa de poca monta una fe religiosa clara y correcta no encontró
aceptación entre aquellos santos defensores de la verdad.
Las interpretaciones vagas y fantásticas de las Santas
Escrituras, así como las muchas teorías contradictorias respecto a la fe
religiosa, que se advierten en el mundo cristiano, son obra de nuestro
gran adversario, que trata así de confundir las mentes de suerte que no
puedan descubrir la verdad. Y la discordia y división que existen entre
las iglesias de la cristiandad se deben en gran parte a la costumbre tan
general de torcer el sentido de las Sagradas Escrituras con el fin de
apoyar alguna doctrina favorita. En lugar de estudiar con esmero y con
humildad de corazón la Palabra de Dios con el objeto de llegar al
conocimiento de Su voluntad, muchos procuran descubrir algo curioso y
original.
Con el fin de sostener doctrinas erróneas o prácticas
anticristianas, hay quienes toman pasajes de la Sagrada Escritura aislados
del contexto, no citan tal vez más que la mitad de un versículo para
probar su idea, y dejan la segunda mitad que quizá hubiese probado
todo lo contrario. Con la astucia de la serpiente se encastillan tras
declaraciones sin ilación, entretejidas de manera que favorezcan sus
deseos carnales. Es así como gran número de personas pervierten con
propósito deliberado la Palabra de Dios. Otros, dotados de viva
imaginación, toman figuras y símbolos de las Sagradas Escrituras y los
interpretan según su capricho, sin parar mientes en que la Escritura
declara ser su propio intérprete; y luego presentan sus extravagancias
como enseñanzas de la Biblia.
Siempre que uno se da al estudio de las Escrituras sin
estar animado de un espíritu de oración y humildad, susceptible de
recibir enseñanza, los pasajes más claros y sencillos, como los más
difíciles, serán desviados de su verdadero sentido. Los dirigentes
papales escogen en las Sagradas Escrituras los pasajes que mejor convienen
a sus propósitos, los interpretan a su modo y los presentan luego al
pueblo a quien rehúsan al mismo tiempo el privilegio de estudiar la
Biblia y de entender por sí mismos sus santas verdades. Toda la Biblia
debería serle dada al pueblo tal cual es. Más valiera que éste no
tuviese ninguna instrucción religiosa antes que recibir las enseñanzas
de las Santas Escrituras groseramente desnaturalizadas.
La Biblia estaba destinada a ser una guía para todos
aquellos que deseasen conocer la voluntad de su Creador. Dios dio a
los hombres la firme palabra profética; ángeles, y hasta el mismo
Cristo, vinieron para dar a conocer a Daniel y a Juan las cosas que deben
acontecer en breve. Las cosas importantes que conciernen a nuestra
salvación no quedaron envueltas en el misterio. No fueron reveladas de
manera que confundan y extravíen al que busca sinceramente la verdad. El
Señor dijo al profeta Habacuc: "Escribe la visión, y declárala , .
. . para que corra él que leyere en ella." Habacuc 2:2. (Valera) La Palabra
de Dios es clara para todos aquellos que la estudian con espíritu de
oración. Toda alma verdaderamente sincera alcanzará la luz de la
verdad. "Luz está sembrada para el justo." Salmo 97:11. Y
ninguna iglesia puede progresar en santidad si sus miembros no buscan
ardientemente la verdad como si fuera un tesoro escondido.
Los alardes de "liberalidad" ciegan a los
hombres para que no vean las asechanzas de su adversario, mientras que
éste sigue trabajando sin cesar y sin cansarse hasta cumplir sus
designios. Conforme va consiguiendo suplantar la Biblia por las
especulaciones humanas, la ley de Dios va quedando a un lado, y las
iglesias caen en la esclavitud del pecado, mientras pretenden ser libres.
Para muchos, las investigaciones científicas se han vuelto
maldición. Al permitir todo género de descubrimientos en las
ciencias y en las artes, Dios ha derramado sobre el mundo raudales de luz;
pero aun los espíritus más poderosos, si no son guiados en sus
investigaciones por la
Palabra de Dios, se extravían en sus esfuerzos por
encontrar las relaciones existentes entre la ciencia y la revelación.
Los conocimientos humanos, tanto en lo que se refiere a
las cosas materiales como a las espirituales, son limitados e imperfectos;
de aquí que muchos sean incapaces de hacer armonizar sus nociones
científicas con las declaraciones de las Sagradas Escrituras. Son
muchos los que dan por hechos científicos lo que no pasa de ser meras
teorías y especulaciones, y piensan que la Palabra de Dios debe ser
probada por las enseñanzas de "la falsamente llamada ciencia."
1 Timoteo 6:20. El Creador y sus obras les resultan incomprensibles; y
como no pueden explicarlos por las leyes naturales, consideran la historia
bíblica como si no mereciese fe. Los que dudan de la verdad de las
narraciones del Antiguo Testamento y del Nuevo, dan a menudo un paso más
y dudan de la existencia de Dios y atribuyen poder infinito a la
naturaleza. Habiendo perdido su ancla son arrastrados hacia las rocas
de la incredulidad.
Es así como muchos se alejan de la fe y son seducidos
por el diablo. Los hombres procuraron hacerse más sabios que su
Creador; la filosofía intentó sondear y explicar misterios que no serán
jamás revelados en el curso infinito de las edades. Si los hombres se
limitasen a escudriñar y comprender tan sólo lo que Dios les ha revelado
respecto de Sí Mismo y de Sus propósitos, llegarían a tal concepto de
la gloria, majestad y poder de Jehová, que se darían cuenta de su propia
pequeñez y se contentarían con lo que fue revelado para ellos y sus
hijos.
Una de las seducciones magistrales de Satanás consiste
en mantener a los espíritus de los hombres investigando y haciendo
conjeturas sobre las cosas que Dios no ha dado a conocer y que no
quiere que entendamos. Así fue como Lucifer perdió su puesto en el
cielo. Se indispuso porque no le fueron revelados todos los secretos de
los designios de Dios, y no se fijó en lo que le había sido revelado
respecto a su propia obra y al elevado puesto que le había sido asignado.
Al provocar el mismo descontento entre los ángeles que estaban bajo sus
órdenes, causó la caída de ellos. En nuestros días trata de llenar las
mentes de los hombres con el mismo espíritu y de inducirlos además a
despreciar los mandamientos directos de Dios.
Los que no quieren aceptar las verdades claras y
contundentes de la Biblia están siempre buscando fábulas agradables que
tranquilicen la conciencia. Mientras menos apelen a la espiritualidad,
a la abnegación y a la humildad las doctrinas presentadas, mayor es la
aceptación de que gozan. Esas personas degradan sus facultades
intelectuales para servir sus deseos carnales. Demasiado sabias en su
propia opinión para escudriñar las Santas Escrituras con contrición y
pidiendo ardientemente a Dios que las guíe, no tienen escudo contra el
error. Satanás está listo para satisfacer los deseos de sus
corazones y poner las seducciones en lugar de la verdad. Fue así como el
papado estableció su poder sobre los hombres; y al rechazar la verdad
porque entraña una cruz, los protestantes siguen el mismo camino. Todos
aquellos que descuiden la Palabra de Dios para procurar su comodidad y
conveniencia, a fin de no estar en desacuerdo con el mundo, serán
abandonados a su propia suerte y aceptarán herejías condenables que
considerarán como verdad religiosa. Los que rechacen voluntariamente
la verdad concluirán por aceptar todos los errores imaginables; y alguno
que mire con horror cierto engaño aceptará gustosamente otro. El
apóstol Pablo, hablando de una clase de hombres que "no admitieron
el amor de la verdad, para que fuesen salvos," declara: "Por
esto, Dios les envía la eficaz operación de error, a fin de que crean a
la mentira; para que sean condenados todos aquellos que no creen a la
verdad, sino que se complacen en la injusticia." 2 Tesalonicenses
2:10-12. En vista de semejante advertencia nos incumbe ponernos en guardia
con respecto a las doctrinas que recibimos.
Entre las trampas más temibles del gran seductor figuran las
enseñanzas engañosas y los fementidos milagros del espiritismo. Disfrazado
como ángel de luz, el enemigo tiende sus redes donde menos se espera. Si
tan sólo los hombres quisieran estudiar el Libro de Dios orando
fervientemente por comprenderlo, no serían dejados en las tinieblas para
recibir doctrinas falsas. Pero como rechazan la verdad, resultan presa
fácil para la seducción.
Otro error peligroso es el de la doctrina que niega la divinidad de
Cristo, y asevera que El no existió antes de Su venida a este mundo.
Esta teoría encuentra aceptación entre muchos que profesan creer en la
Biblia; y sin embargo contradice las declaraciones más positivas de
nuestro Salvador respecto a Sus relaciones con el Padre, a Su divino
carácter y a Su preexistencia. Esta teoría no puede ser sostenida sino
violentando el sentido de las Sagradas Escrituras del modo más
incalificable. No sólo rebaja nuestro concepto de la obra de
redención, sino que también socava la fe en la Biblia como revelación
de Dios. Al par que esto hace tanto más peligrosa dicha teoría la
hace también más difícil de combatir. Si los hombres rechazan el
testimonio que dan las Escrituras inspiradas acerca de la divinidad de
Cristo, inútil es querer argumentar con ellos al respecto, pues ningún
argumento, por convincente que fuese, podría hacer mella en ellos.
"El hombre natural no recibe las cosas del Espíritu de Dios; porque
le son insensatez; ni las puede conocer, por cuanto se disciernen
espiritualmente." 1 Corintios 2:14. Ninguna persona que haya
aceptado este error, puede tener justo concepto del carácter o de la
misión de Cristo, ni del gran plan de Dios para la redención del hombre.
Otro error sutil y perjudicial que se está difundiendo
rápidamente, consiste en creer que Satanás no es un ser personal;
que su nombre se emplea en las Sagradas Escrituras únicamente para
representar los malos pensamientos y deseos de los hombres.
La enseñanza tan generalmente proclamada desde los
púlpitos, de que el segundo advenimiento de Cristo se realiza a la muerte
de cada individuo, es una estratagema que tiene por objeto distraer la
atención de los hombres de la venida personal del Señor en las nubes del
cielo. Hace años que Satanás ha estado diciendo: "He aquí . . .
está . . . en las cámaras" Mateo 24:23-26, y muchas almas se han
perdido por haber aceptado este engaño.
Por otra parte la sabiduría mundana enseña que la oración no es de
todo punto necesaria. Los hombres de ciencia declaran que no puede
haber respuesta real a las oraciones; que esto equivaldría a una
violación de las leyes naturales, a todo un milagro, y que los milagros
no existen. Dicen que el universo está gobernado por leyes inmutables y
que Dios mismo no hace nada contrario a esas leyes. Así representan a
Dios ligado por Sus propias leyes; como si la operación de las leyes
divinas excluyese la libertad divina. Tal enseñanza se opone al
testimonio de las Sagradas Escrituras. ¿Acaso Cristo y Sus apóstoles no
hicieron milagros? El mismo Salvador compasivo vive en nuestros días, y
está tan dispuesto a escuchar la oración de la fe como cuando andaba en
forma visible entre los hombres. Lo natural coopera con lo sobrenatural. Forma
parte del plan de Dios concedernos, en respuesta a la oración hecha con
fe, lo que no nos daría si no se lo pidiésemos así.
Innumerables son las doctrinas erróneas y las ideas
fantásticas que imperan en el seno de las iglesias de la cristiandad.
Es imposible calcular los resultados deplorables que acarrea la
eliminación de una sola verdad de la Palabra de Dios. Pocos son los que,
habiéndose aventurado a hacer cosa semejante, se contentan con rechazar
lisa y llanamente una sencilla verdad. Los más siguen rechazando uno
tras otro los principios de la verdad, hasta que se convierten en
verdaderos incrédulos.
Los errores de la teología hoy de moda han lanzado al escepticismo
a muchas almas que de otro modo habrían creído en las Escrituras. Es
imposible para ellas aceptar doctrinas que hieren sus sentimientos de
justicia, misericordia y benevolencia; y como tales doctrinas les son
presentadas como enseñadas por la Biblia, rehúsan recibirla como Palabra
de Dios.
Y ése es el objeto que Satanás trata de conseguir.
Nada desea él tanto como destruir la confianza en Dios y en Su Palabra.
Satanás se encuentra al frente de los grandes ejércitos de los que
dudan, y trabaja con inconcebible energía para seducir a las almas y
atraerlas a sus filas. La duda está de moda hoy. Una clase muy
numerosa de personas mira la Palabra de Dios con la misma desconfianza con
que fue mirado Su Autor: porque ella reprueba y condena el pecado. Los
que no desean obedecer a las exigencias de ella tratan de echar por tierra
Su autoridad. Si leen la Biblia o escuchan sus enseñanzas proclamadas
desde el púlpito es tan sólo para encontrar errores en las Santas
Escrituras o en el sermón. No son pocos los que se vuelven incrédulos
para justificarse o para disculpar su descuido del deber. Otros adoptan
principios escépticos por orgullo e indolencia. Por demás amigos de su
comodidad para distinguirse ejecutando cosa alguna digna de honor y que
exija esfuerzos y abnegación, aspiran a hacerse una reputación de
sabiduría superior criticando la Biblia. Hay muchas cosas que el
espíritu limitado del hombre que no ha sido alumbrado por la sabiduría
divina, es incapaz de comprender; y así encuentran motivo para criticar.
Son muchos los que parecen creer que es una virtud colocarse del lado de
la duda, del escepticismo y de la incredulidad. Pero no dejará de
advertirse que bajo una apariencia de candor y humildad, los móviles de
estas personas son la confianza en sí mismas y el orgullo. Muchos se
deleitan en buscar en las Sagradas Escrituras algo que confunda las mentes
de los demás. Y hasta hay quienes empiezan a criticar y a argumentar
contra la verdad por el mero gusto de discutir. No se dan cuenta de que al
obrar así se están enredando a sí mismos en el lazo del cazador.
Efectivamente, habiendo expresado abiertamente sentimientos de
incredulidad, consideran que deben conservar sus posiciones. Y así es
como se unen con los impíos y se cierran las puertas del paraíso.
Dios ha dado en Su Palabra pruebas suficientes del
divino origen de ella. Las grandes verdades que se relacionan con nuestra
redención están presentadas en ella con claridad. Con la ayuda del
Espíritu Santo que se promete a todos los que lo pidan con sinceridad,
cada cual puede comprender estas verdades por sí mismo. Dios ha dado a
los hombres un fundamento firme en que cimentar su fe.
Con todo, la inteligencia limitada de los hombres
resulta inadecuada para comprender los planes del Dios infinito.
Nuestras investigaciones no nos harán descubrir jamás las profundidades
de Dios. No debemos intentar con mano presuntuosa levantar el velo que
encubre Su majestad. El apóstol exclama: "¡Cuán incomprensibles
son Sus juicios, e inescrutables Sus caminos!" Romanos 11:33. No
obstante podemos comprender lo bastante Su modo de tratar con nosotros y
los motivos que Le hacen obrar como obra, para reconocer un amor y una
misericordia infinitos unidos a un poder sin límites. Nuestro Padre
celestial dirige todas las cosas con sabiduría y justicia, y no debemos
vivir descontentos ni desconfiados, sino inclinarnos en reverente
sumisión. El nos revelará Sus designios en la medida en que Su
conocimiento sea para nuestro bien, y en cuanto a lo demás debemos
confiar en Aquel cuya mano es omnipotente y cuyo corazón rebosa de amor.
Si bien es cierto que Dios ha dado pruebas evidentes
para la fe, El no quitará jamás todas las excusas que pueda haber para
la incredulidad. Todos los que buscan motivos de duda los
encontrarán. Y todos los que rehúsan aceptar la Palabra de Dios y
obedecerla antes que toda objeción haya sido apartada y que no se
encuentre más motivo de duda, no llegarán jamás a la luz.
La desconfianza hacia Dios es producto natural del corazón
irregenerado, que está en enemistad con El. Pero la fe es inspirada por
el Espíritu Santo y no florecerá más que a medida que se la fomente.
Nadie puede robustecer su fe sin un esfuerzo determinado. La
incredulidad también se robustece a medida que se la estimula; y si
los hombres, en lugar de meditar en las evidencias que Dios les ha dado
para sostener su fe, se permiten ponerlo todo en tela de juicio y
entregarse a cavilaciones, verán confirmarse más y más sus dudas.
Pero los que dudan de las promesas de Dios y
desconfían de las seguridades de su gracia, le deshonran; y su
influencia, en lugar de atraer a otros hacia Cristo, tiende a apartarlos
de él; son como los árboles estériles que extienden a lo lejos sus
tupidas ramas, las cuales privan de la luz del sol a otras plantas y hacen
que éstas languidezcan y mueran bajo la fría sombra. La carrera de esas
personas resultará como un acto continuo de acusación contra ellas. Las
semillas de duda y escepticismo que están propagando producirán
infaliblemente su cosecha.
No hay más que una línea de conducta que puedan
seguir los que desean sinceramente librarse de las dudas. En lugar de
ponerlo todo en tela de juicio y de entregarse a cavilaciones acerca de
cosas que no entienden, presten atención a la luz que ya está brillando
en ellos y recibirán aún más luz. Cumplan todo deber que su
inteligencia ha entendido y así se pondrán en condición de comprender y
realizar también los deberes respecto a los cuales les quedan dudas.
Satanás puede presentar una impostura tan parecida a
la verdad, que engañe a todos los que están dispuestos a ser engañados
y que retroceden ante la abnegación y los sacrificios reclamados por la
verdad; pero no puede de ningún modo retener en su poder una sola alma
que desee sinceramente y a todo trance conocer la verdad. Cristo es la
verdad y "la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a
este mundo." (S. Juan 1:9.) El espíritu de verdad ha sido enviado
para guiar a los hombres en toda verdad. Y la siguiente declaración ha
sido hecha bajo la autoridad del Hijo de Dios: "Buscad, y
hallaréis." "El que quisiere hacer su voluntad [del Padre,
conocerá de la doctrina." (S. Mateo 7:7; S. Juan 7:17.)
Los discípulos de Cristo saben muy poco de las tramas
que Satanás y sus huestes urden contra ellos. Pero el que está sentado
en los cielos hará servir todas esas maquinaciones para el cumplimiento
de sus altos designios. Si el Señor permite que su pueblo pase por el
fuego de la tentación, no es porque se goce en sus penas y aflicciones,
sino porque esas pruebas son necesarias para su victoria final. El no
podría, en conformidad con su propia gloria, preservarlo de la
tentación; pues el objeto de la prueba es precisamente prepararlo para
resistir a todas las seducciones del mal.
Ni los impíos ni los demonios pueden oponerse a la
obra de Dios o privar de su presencia a su pueblo, siempre que éste
quiera con corazón sumiso y contrito confesar y abandonar sus pecados y
aferrarse con fe a las promesas divinas. Toda tentación, toda
influencia contraria, ya manifiesta o secreta, puede ser resistida
victoriosamente: "¡No por esfuerzo, ni con poder, sino por mi
Espíritu! dice Jehová de los Ejércitos." (Zacarías 4:6.)
"Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos
a sus oraciones.... ¿Y quién es aquel que os podrá dañar, si vosotros
seguís el bien?" (1Pedro 3:12, 13.) Cuando Balaam, tentado por la
promesa de ricos regalos, recurrió a encantamientos contra Israel, y
quiso por medio de sacrificios ofrecidos al Señor, invocar una maldición
sobre su pueblo, el Espíritu de Dios se opuso a la maldición que el
profeta apóstata trataba de pronunciar y éste se vio obligado a
exclamar: "¿Cómo maldeciré a quien no ha maldecido Dios? ¿y cómo
derramaré imprecaciones donde no las ha derramado Jehová? "¡Muera
yo de la muerte de los justos, y sea mi postrimería como la suya!"
Después de haber ofrecido otro sacrificio, el profeta impío dijo:
"He aquí que yo he recibido comisión para bendecir; sí, él ha
bendecido, y no podré yo revocarlo. El no ha reparado la iniquidad en
Jacob y no ha mirado la perversidad en Israel. Jehová su Dios está con
él; y en medio de él suenan vítores de rey." "Que no hay
hechizo contra Jacob, ni hay adivinación contra Israel. A su tiempo será
dicho de Jacob y de Israel: ¡ Mirad lo que ha hecho Dios!" No
obstante se levantaron altares por tercera v ez, y Balaam volvió a hacer
un nuevo esfuerzo para maldecir a Israel.
Pero, por los labios rebeldes del profeta, el Espíritu
de Dios anunció la prosperidad de su pueblo escogido y censuró la locura
y maldad de sus enemigos: "¡Sean benditos los que te bendicen, y
malditos los que te maldicen!" (Números 23:8, 10, 20, 21, 23; 24:9.)
En aquel tiempo el pueblo de Israel era fiel a Dios; y
mientras siguiera obedeciendo a su ley, ningún poder de la tierra o del
infierno había de prevalecer contra él. Pero la maldición que no se
le permitió a Balaam pronunciar contra el pueblo de Dios, él al fin
consiguió atraerla sobre dicho pueblo arrastrándolo al pecado. Al
quebrantar Israel los mandamientos de Dios, se separó de él y fue
abandonado al poder del destructor.
Satanás sabe muy bien que el alma más débil pero que
permanece en Jesús puede más que todas las huestes de las tinieblas, y
que si se presentase abiertamente se le haría frente y se le resistiría.
Por esto trata de atraer a los soldados de la cruz fuera de su
baluarte, mientras que él mismo permanece con sus fuerzas en emboscada,
listo para destruir a todos aquellos que se aventuren a entrar en su
territorio. Sólo podemos estar seguros cuando confiamos humildemente en
Dios y obedecemos todos sus mandamientos.
Nadie que no ore puede estar seguro un solo día o una sola hora.
Debemos sobre todo pedir al Señor que nos dé sabiduría para comprender
su Palabra. En ella es donde están puestos de manifiesto los
artificios del tentador y las armas que se le pueden oponer con éxito.
Satanás es muy hábil para citar las Santas Escrituras e interpretar
pasajes a su modo, con lo que espera hacernos tropezar. Debemos
estudiar la Biblia con humildad de corazón, sin perder jamás de vista
nuestra dependencia de Dios. Y mientras estemos en guardia contra los
engaños de Satanás debemos orar con fe diciendo: "No nos dejes
caer en tentación."

ESPIRITISMO
"No os
volváis á los encantadores y á los adivinos: no los consultéis
ensuciándoos con ellos: Yo Jehová vuestro Dios." Leviticos
19:31.
"Y llegarme he
á vosotros á juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros."
Malaquias 3:5.
"Y vosotros no
prestéis oído á vuestros profetas, ni á vuestros adivinos, ni á
vuestros sueños, ni á vuestros agoreros, ni á vuestros encantadores,
que os hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia. Porque ellos os
profetizan mentira, para haceros alejar de vuestra tierra, y para que yo
os arroje y perezcáis." Jeramias
27:9-10
"Y el hombre
ó la mujer en quienes hubiere espíritu phitónico ó de adivinación,
han de ser muertos: los apedrearán con piedras; su sangre sobre
ellos." Leviticos
20:27.
"Y si os
dijeren: Preguntad á los pythones y á los adivinos, que susurran
hablando, responded: ¿No consultará el pueblo á su Dios? ¿Apelará por
los vivos á los muertos?" Isaías:8:19.
"Amados, no
creáis á todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios;
porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo."
1 Juan:4:1.
"Y no es
maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz. Así
que, no es mucho si también sus ministros se transfiguran como ministros
de justicia; cuyo fin será conforme á sus obras."
2 Corintios 11:14-15.
"Idolatría,
hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones,
herejías," Gal:5:20.
"Y acaeciere
la señal ó prodigio que él te dijo, diciendo: Vamos en pos de dioses
ajenos, que no conociste, y sirvámosles; No darás oído á las palabras
de tal profeta, ni al tal soñador de sueños: porque Jehová vuestro Dios
os prueba, para saber si amáis á Jehová vuestro Dios con todo vuestro
corazón, y con toda vuestra alma." Deuterinomio
13:2.
"Porque los
que viven saben que han de morir: mas los muertos nada saben, ni tienen
más paga; porque su memoria es puesta en olvido." Eclesiastés
9:5.
CAPÍTULO 33
Contenido

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